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Sorprendentes datos acerca de los dientes

Foto © Maria Teijeiro/Digital Vision/Getty Images
A la vista está que nuestros dientes forman una parte destacable no solo de nuestro aspecto físico, sino también de nuestro bienestar. Los resultados de las encuestas a menudo demuestran que la gente menciona los dientes como uno de los rasgos más atractivos de los demás y, sin dientes, morder y masticar sería imposible. Pero, ¿qué sabemos exactamente acerca de nuestros dientes? ¿Son otro ejemplo claro del proverbio “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”? 
 
Los dientes de leche empiezan a crecer incluso antes de nacer, y la mayoría de los niños tienen cerca de 20 dientes de leche antes de cumplir los tres años. A la edad de cinco o seis años, estos dientes empiezan a caerse y son reemplazados por los dientes permanentes. Cuando llegamos a la pubertad, tenemos 28 de los 32 dientes permanentes ya en su sitio, las cuatro muelas del juicio van saliendo a su ritmo, a menudo cuando llegamos a los veintitantos. 

Hay cuatro tipos distintos de dientes en la boca. Los incisivos, o sea, las cuatro palas en la parte de arriba de la mandíbula y las otras cuatro en la parte de abajo, son los dientes para cortar y seccionar. A cada lado de las palas hay un colmillo (lo que suma cuatro, en total).  Estos dientes puntiagudos sirven para rasgar. Seguidos de los incisivos y de los colmillos en cada mandíbula van cuatro premolares y seis molares, incluidas las muelas del juicio. Los premolares y los molares son las muelas anchas y planas que sirven para triturar la comida y poder tragarla mejor.  
 
El esmalte que recubre los dientes es el elemento más duro del cuerpo humano. Cuando se logra penetrar esta superficie blanca y dura se origina la caries. Esto puede ocurrir cuando se deja comida en la superficie de los dientes. Las bacterias pueden destruir la comida y dejar una sustancia pegajosa denominada placa, que contiene un ácido que puede desgastar el esmalte y dejar al diente expuesto a la caries, y a ti con dolor de dientes.
 
Siempre que comes o bebes, tus dientes están expuestos a ataques. Aunque esto no es una preocupación tan grave como pueda parecer. Lo primero, porque la boca trabaja sin cesar para reparar los dientes mediante la producción de saliva, que sustituye los minerales perdidos. Además, es relativamente sencillo prevenir la caries si sigues unas cuantas y sencillas reglas. Puedes limitar los ataques a los que tus dientes se ven expuestos evitando las comidas y las bebidas azucaradas y cepillándote los dientes regularmente dos veces al día, como mínimo. ¡Y no te olvides de pasarte el hilo dental!
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